En la confluencia con el Barranc del Sord, que normalmente baja seco, es cuando el barranco se estrecha y se acaban los escapes, empiezan las bonitas formaciones en la roca, y el descenso se vuelve mucho mas divertido y bonito, recordando a muchos barrancos de la sierra de Guara.
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A partir de aqui guardamos las cuerdas en la mochila, que hasta este punto las habia llevado en la mano, ya que la roca no es nada resbaladiza y se podia progresar sin dificultad. Intuia que con este caudal no nos iban a hacer falta, y asi fue, todos los saltos, que varian entre 2 y 7 metros se podian realizar sin problemas.
La ultima vez que estuvimos en L’Abdet la poza de recepcion del ultimo rapel/salto estaba totalmente seca, ya que poco antes el agua se va filtrando por la roca y si el caudal no es suficientemente fuerte el agua desaparece y toca rapelar, pero esta vez tenia este maravilloso aspecto.
Poco despues acabamos el descenso, empezando el empinado pero corto camino de vuelta al pueblo, con unas buenas vistas de la sierra de Aitana. Una vez ya en el coche dimos cuenta del grandioso y necesitado bocata de jamon.